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Arturo Muñiz defiende el fenómeno como indicador del atractivo local y otros empresarios creen que
provoca más pérdidas que beneficios.
Los hosteleros de Gijón muestran diversidad de opiniones en la polémica surgida por la gran afluencia de grupos de toda la región e incluso de otras comunidades españolas, que eligen la ciudad para celebrar sus despedidas de solteros. Mientras que el presidente la Asociación Hostelería Gijón, Arturo Muñiz, percibe el fenómeno como un indicador de auge turístico y un indudable beneficio económico, otros propietarios de bares de copas de las zonas de Cimadevilla y Fomento se quejan de los altercados que estos grupos, generalmente disfrazados y ebrios, producen en sus locales.
La pérdida de libertad que se asocia con la celebración de bodas, hace que las despedidas de soltero adopten el tono que tienen en la actualidad, verdaderas fiestas bacanales. A lo largo de la historia han cambiado mucho, pero siguen manteniendo su espíritu festivo y sobre todo su carácter ritual, que representa el paso de la soltería al matrimonio. Un espíritu cada vez más patente en las noches gijonesas, en las que es habitual ver grandes grupos de jóvenes, disfrazados y dispuestos a despedir a lo grande su soltería. Al igual que Gijón, Llanes es otro de los lugares elegidos para estas fiestas de despedida y en donde más polémica se ha generado por los efectos que éstas causan en los establecimientos hosteleros. Por ello algunos llaniscos han optado por negarse a servir a los grupos que van disfrazados. Esta polémica se ha trasladado a Gijón, donde Javier Pesquera, empresario hostelero, aseguraba ayer que «las despedidas de solteros dan más problemas que beneficios».
Las causas fundamentales, según Pesquera, son los excesos en el consumo de alcohol y el tamaño de los grupos para despedidas, «normalmente vienen quince o veinte personas, y eso es muy difícil de manejar, teniendo en cuenta que muchos no son de Gijón, de Barcelona o Tarragona, han venido a pasar el día y beben desde muy temprano. Cuando llegan a la zona de copas ya están muy perjudicados», aseguró el empresario, que confiesa haber sufrido altercados en sus locales. Y añadió que el disfraz para fiestas «es un plus» a la hora de «perder los papeles». Pesquera no es el único. Los camareros de una popular sidrería de Cimadevilla aseguran que aunque la gente es normalmente «tranquila», en algunos casos «como suelen ser de fuera de Gijón se desinhiben demasiado y beben mucho», indicó José Benjamín Menéndez, de El Lavaderu.
Arturo Muñiz, presidente de los hosteleros de Gijón, asegura, por su parte, que en la asociación no han recibido quejas, «lo vemos como algo positivo para la ciudad, como un beneficio. Son unos clientes que hacen uso de nuestros servicios y además suelen ser de clase media-alta y usan nuestros hoteles y lugares de ocio. Vienen a Gijón porque lo ven como un lugar ideal para divertirse, tenemos un horario de cierre flexible para los restaurantes de comer, pueden sacar las copas a la calle y hay un gran ambiente», comentó Muñiz, que aprovechó para resaltar que en lo que al sector turístico para despedidas se refiere, «supone una promoción importante de Gijón. Ahora vienen grupos grandes de despedidas de solteros, y luego si les ha gustado, vendrán individualmente o incluso con otras personas a las que se lo han recomendado».
Muñiz concluyó que «en general creo que nos aporta muchos beneficios en comparación con los problemas que nos puede generar, que en cualquier caso son aislados y tienen fácil solución». Muñiz quiso destacar la importancia de la seguridad en los locales: «El ambiente de la noche no es como el de la tarde, por eso tenemos que poner unas reglas de juego que nos beneficien a todos. Apostamos por la seguridad para que todos puedan salir», a lo que añadió «hay excepciones, y claro que hay clientes problemáticos, pero no creo que sean especialmente los grupos de despedidas de soltero, ir disfrazados es una moda y si el disfraz no es ofensivo no debería de ser ningún problema».
fuente: La Nueva España
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