Por Yolanda Marín (Latino Barcelona)
sin despedidas se da la fiesta de solteros Dice el refrán que la ausencia causa olvido. Quizás esta sea la razón por la cual algunos de los hombres extremeños olvidaron lo que era conquistar a una mujer: los mimos, los detalles o la seducción, son algunos de los ingredientes que faltaron para que la Fiesta de Solteros de Trasierras, celebrada el sábado 12 de mayo, fuera la gran parranda del amor.

A pesar de que no faltó la diversión, la música y el baile, muchos hombres no supieron aprovechar la gran lluvia de mujeres solteras que se acercaron desde diversos puntos de España. En su mayoría eran mujeres solteras latinoamericanas, deseosas de compartir culturas, iniciar amistad y si surgía el amor, ¿por qué rechazarlo? Ese era el objetivo de María Mendoza, ecuatoriana de 40 años, quien optó por subirse a la caravana “para salir de la rutina de Madrid” y fue objetivo de las miradas de muchos de los hombres que allí esperaban ansiosos.

CUANDO FALTA EL AMOR

Ramón Guerra conoce muy bien lo que es no tener una mujer, lleva tiempo soltero. Desde que muriera su madre hace más de una década, este apicultor de 70 años vive en el campo con una única compañía: la soledad. Con el sobrenombre de ‘Doctor Hierbas’ por el conocimiento de las propiedades medicinales que tienen algunas plantas que él mismo cultiva, este extremeño no ha encontrado la hierba mágica que le consiga el amor y la compañía de una buena moza soltera. Por este motivo, Ramón fue uno de los más de 90 solteros que acudieron a la fiesta celebrada en la comarca extremeña de Trasierras-Tierra de Granadilla, lugar al que llegaron unas 150 mujeres para divertirse y, con suerte, encontrar el amor de su vida en una zona en la que la mujer sin pareja es una especie en peligro de extinción.

Para Francisco Talaván encontrar mujer en su municipio, Cabezabellosa, de menos de 500 habitantes, no es nada fácil. “Es un pueblo pequeño y quien no es tu hermana, ¡es tu prima!”, exclama Francisco, quien fue uno de los solteros que tomó la iniciativa para traer a mujeres de otras tierras junto con Cirilo Candelera.

Ambos esperaron con nerviosismo, timidez y un gran ramo de flores a las mujeres que llegaron con un retraso de casi tres horas que impidió la visita cultural al pueblo, aunque, a pesar de la tardanza, fueron recibidas con música, bailes y flores.

La siguiente parada fue la visita al Centro de Interpretación de la Comarca, con la bienvenida a cargo del presidente de la Mancomunidad de Municipios de Trasierras de Granadilla, José Miguel Paniagua, también soltero, quien se sentía orgulloso de la visita: “queremos que las mujeres vengan como turistas y se vayan como amigas”, admitió José Miguel.

Dulces típicos e incluso el licor Perfecto Amor amenizaron la tardía llegada de las mujeres: solteras, separadas y divorciadas, de 26 años en adelante.

Después llegó la hora de la comida, donde compartieron experiencias con los hombres de la zona, fueron momentos no muy agradables, ya que algunos de los solteros creían que las mujeres latinoamericanas venían a la caza de un hombre para obtener su legalidad en España. La colombiana Gladys Poveda tuvo que escuchar comentarios no muy acertados: “un señor que estaba sentado en la mesa dijo que si queríamos a un hombre o a un español. Yo sólo he venido a pasarlo bien y a hacer amistades”.

Para la venezolana Alix Chacón su fin también era pasar un día agradable: “yo no quiero casa y comida. Venimos a conocer y compartir y si ligamos… todo es suerte en la vida”.

BAILE, BESOS Y CANSANCIO

En la sobremesa algunos salieron a visitar el pueblo, aunque las parejas de solteros, si es que las había en ese momento, no se dejarían ver hasta la noche. A la vuelta, más rumba. La música y el baile fueron los protagonistas de la tarde. El baile de salsa animaba a las latinas a bailar y los hombres hicieron un intento de conquista a ritmo de pasodoble español. Fue el momento en que alguno que otro soltero de la tierra de los olivos daba un beso en la mejilla, pero quizás no de la manera más agradable para convencer a las mujeres de que ellos podían ser una buena compañía a futuro.

Cuando la noche comenzó a caer, el cansancio se apoderó de las mujeres que habían hecho un viaje de seis horas, esto sumado a que habían comido poco, porque ni el almuerzo ni la cena fue de su agrado. Todo eso hizo que la diversión fuera decayendo.

Rocío Pereda, peruana, con voz de agotamiento y algo de enfado, hacía mostrar su desencanto con el almuerzo y la cena: “nos han puesto una carne fría y para cenar nos han dado pan con la misma carne, yo ni la he comido. Y ahora cortan la música”.

Con la ida de la orquesta de baile, la velada se clausuró y la mayoría de mujeres se dirigieron al autobús, otras llegaban tarde y aparecían, despistadas, en el lugar de la fiesta, como fue el caso de la ecuatoriana Teresa Guayalema, quien a última hora se dejó ver acompañada del español José Luis Trujillo, quien había dicho momentos antes que quería “a una mujer con clase y pija”.

A medida que iban subiendo al autobús para despedidas, el pueblo iba recobrando su normalidad, un silencio característico de aquellos sitios recónditos y alejados de los núcleos urbanos.

Rocío Pereda alzó la mirada hacia el cielo e interrumpió el gran silencio: “Mirad estas estrellas que después no las podrán ver en la ciudad”.