En la blogósfera se pueden encontrar entretenido relatos sobre las experiencias obtenidas en las cenas de empresa. Hay que aprender y reír de las experiencias ajenas:

“Soy de las personas a las que no les gusta mezclar su vida personal con la profesional. Si bien es cierto que con algunos compañeros de trabajo tengo mucha confianza y los considero amigos, acostumbro a guardar distancias, porque los trabajos son junglas y nunca se sabe si algo dicho o hecho puede volverse en tu contra. Siempre marcho prudentemente después de las cenas de empresa para no perder los papeles o hacer algo de lo que pueda arrepentirme. Pues bueno, ayer me salté a la torera todos mis principios, jeje. Errores varios que cometí: 1) salir de trabajar y en vez de irme a casa, quedarme con un par de compañeros tomando unas cervezas. 2) no comer absolutamente nada de la cena pero sí beber. 3) dedicarme a sacar las fotos “oficiales” de la empresa y olvidarme de una mesa, sacar la mitad borrosas y con encuadres imposibles. 4) poner cuernos a la gente en las fotos y poner caras incluso cuando el que tomaba la foto era el jefazo. 5) hacer barullo, reirme como loca, contestar mal a algunos, cambiar constantemente de mesa y exaltar la amistad con más de uno. 6) ir a la discoteca y beber cubatas sin llevar la cuenta. 7) reirme de alguno de la empresa con poco o ningún disimulo 8 ) meter una chapa terrible a un jefecillo sobre vete a saber qué 9) bailar mucho o eso creo, hacer corros saltando y un largo etc. Terrible resaca la de hoy, impresionante ver las fotos de la cena de empresa (sobre todo las de después de la discoteca) y pocas ganas de ir el lunes y escuchar comentarios. Eso sí, alguno estará peor, por ejemplo el casado que intentó enrollarse con más de una, el que llevaba la camisa pegada de cubata y bailaba con un estilo “muy personal” y otros. He perdido el respeto a más de uno, y yo mi credibilidad, jeje. Nunca más.”